Crecimiento personal,  Maternidad

Cambiar de prioridades no es renunciar al éxito

¿Cambiar de prioridades significa renunciar a nuestras aspiraciones? Una reflexión sobre cómo las decisiones que tomamos también transforman nuestra idea del éxito.

Ayer escuché un pódcast en donde una influencer invitaba a su prima a contar su experiencia de vida. Y no se trataba de cualquier experiencia.

Ella compartió cómo después de no haber querido tener hijos durante los primeros 7 años de su matrimonio, y ser una mujer que sólo quería viajar por el mundo y disponer de su tiempo a su antojo, vivió con una sorpresiva felicidad el enterarse que estaba embarazada de su primer bebé.

Hoy tiene dos hijos y quisiera buscar el tercero.

También, ella contó cómo después de estar trabajando en Google Canadá, teniendo a cargo un equipo de 160 personas y ganándose un sueldo en dólares, decidió volver a Colombia con su familia, cambiar el concepto de éxito que durante mucho tiempo visualizó, vivir en la sabana de Bogotá y cuidar ella misma a sus dos hijos.

Fue muy clara al afirmar que lo más importante en su vida es que sus hijos estén rodeados de sus seres queridos.

Esta mujer tiene 33 años.

Tras escuchar este pódcast, recordé de inmediato un artículo de Janel Abrahami, que justo había leído hace unos días, en donde se propone una perspectiva interesante sobre cómo evolucionan nuestras aspiraciones.

Según este punto de vista, cambiar de prioridades no implica renunciar al éxito, sino redefinirlo en función de la etapa de vida que cada persona atraviesa.

No todas las personas persiguen el éxito de la misma manera

Abrahami explica que los millenials crecimos con una idea precisa y limitada de cómo es ser una persona exitosa: el profesional disciplinado que tiene como meta llegar hasta el último escalón de la escalera.

Aunque en los últimos años se ha popularizado la idea de que cada persona puede definir la ambición en sus propios términos, ella sostiene que esa explicación sigue siendo incompleta. En realidad, existen cuatro tipos de ambición.

Lo original de esta propuesta es que la clasificación no se hace según la meta que una persona persigue (dinero, carrera profesional, familia), sino según la motivación psicológica que hay detrás de ella.

Veamos aquí una por una.[1]

1. Ambición de logro – ¿Qué puedo conseguir?

Ésta es aquella que predomina en la cabeza de la mayoría de mujeres que nacimos en los 90’s, porque es la forma de ambición que nuestra cultura nos enseñó a celebrar y a valorar.

Es la ambición que lleva a obtener resultados visibles y los aplausos externos o el reconocimiento social. Por lo tanto, se mide por:

  • Los diplomas
  • Los ascensos
  • Los premios
  • El nombre de la empresa donde trabajas (y la admiración que despierta en alguien cuando lo mencionas)
  • Los renglones llamativos dentro de la hoja de vida
  • Las metas profesionales alcanzadas

Como consecuencia, si se deja de priorizar este tipo de ambición hay una sensación genuina de que hay algo malo en uno mismo.

Sin embargo, Abrahami explica que valorar y reconocer solo la ambición de logro deja de lado la evolución que una persona puede llegar a tener, sobre todo en décadas de la vida como los 30’s.

2. Ambición de experiencia – ¿Qué quiero experimentar en esta vida?

Ésta es la que motiva a una persona a vivir determinadas experiencias, aunque no produzcan el éxito externo. Por ejemplo:

  • Vivir en otro país durante 1 año
  • Aprender a surfear
  • Tirarse de paracaídas
  • Vivir en una van

El éxito en este tipo de situaciones es lograr convertirse en esa persona que se arriesgó a vivir esa experiencia específica.

3. Ambición de proceso – ¿En quién quiero convertirme?

Esta ambición valora la transformación. Lo que pasa mientras se hace algo en específico de manera constante. Por ejemplo:

  • Levantar pesas todos los días durante 75 días (en Estados Unidos, por ejemplo, fue muy popular el reto 75 Hard Challenge)
  • Entrenar para una maratón
  • Escribir todos los días
  • Cultivar su propia huerta hasta obtener el primer fruto

En consecuencia, el objetivo no es tanto la meta final, sino en quién se va convirtiendo la persona a medida que pasa el tiempo haciendo la misma acción repetidamente.

4. Ambición de impacto – ¿Qué quiero cambiar en el mundo?

En este último caso, la satisfacción viene de dejar un legado, de cambiar algo más allá de uno mismo. Por ejemplo:

  • Participar en un voluntariado de alfabetización
  • Apadrinar a un niño de bajos recursos en país subdesarrollado
  • Crear un proyecto que beneficie a otros.

Por lo tanto, la sensación de éxito en este caso no proviene del reconocimiento que se reciba, sino de la huella que se deja en la vida de otras personas.

¿Qué forma de ambición está priorizando ahora esta mujer que dejó su trabajo en Google tras convertirse en mamá?

Teniendo en cuenta los 4 tipos de ambición anteriores y tras escuchar en ese pódcast a esta mujer hablando sobre cómo y por qué tomó una de las decisiones más difíciles de su vida, puedo concluir que las mujeres no dejan de tener grandes aspiraciones cuando se convierten en madres. Lo que cambia es aquello que consideran verdaderamente valioso.

Por lo tanto, la pregunta no es si una mujer deja de ser ambiciosa cuando decide dejar una carrera profesional exitosa por criar a sus hijos. Es hacia dónde se dirigen ahora sus aspiraciones.

En el caso de esta mujer que renunció a Google para vivir una experiencia que considera más valiosa, se podría afirmar que:

Primero, está priorizando una experiencia de vida (ambición de experiencia). Es decir, criar a sus hijos cerca de los abuelos, los primos, de su cultura y de sus raíces.

Su concepto de éxito dejó de definirlo la pregunta ¿cómo puedo llegar más alto en mi carrera dentro de Google?, y pasó a ser ¿qué tipo de vida quiero vivir?

Segundo, si se tiene en cuenta que lo que la motivó principalmente a tomar su decisión fue el bienestar de sus hijos, también hay una ambición de impacto, porque buscó influir positivamente en la vida de otras personas.

En esa medida, su concepto de éxito lo determinaron preguntas como ¿qué infancia quiero regalar a mis hijos? ¿Qué recuerdos quiero que tengan?

Por último, su regreso a Colombia después de varios años trabajando en el exterior podría llevar consigo una ambición de proceso.

La transformación personal puede ser uno de sus objetivos si quiere reinventarse profesionalmente, emprender o aprender una forma diferente de trabajar y de definir su identidad.

La ambición se define según el capítulo de vida en el que uno se encuentre

La vida está compuesta de etapas. La ambición también evoluciona con cada una de ellas. Por eso, la definición del éxito es relativo, no toda la vida es el mismo.

Y tú, ¿cómo definirías el éxito hoy? Me encantaría leer tu respuesta en los comentarios.


[1] La siguiente clasificación corresponde a una propuesta desarrollada por Janel Abrahami. Disponible en inglés en: https://janelabrahami.substack.com/p/3-types-of-ambition-why-you-haven-t-lost-your-drive-you-ve-just-evolved


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