Cuidado de la mente y el cuerpo,  Maternidad

Lo que le diría a la mujer embarazada que fui en 2022 – Parte 1

Parte 1: Un mismo cuerpo, dos partos opuestos. Así fue mi experiencia

Hola, mujeres. 🦋

Hoy, 23 de julio, cumplo dieciocho meses de posparto. Mi hija menor empezó a caminar 🩷 y, últimamente, siento que vuelvo a ser yo. Y no porque durmamos todas las noches recorrido y tenga la súper energía todos los días. No.

Siento que vuelvo a tener el control de mi rutina (¡la cual va a cambiar mucho a partir de septiembre porque mi hija mayor entra al colegio!, pero eso es otra historia). Mi cuerpo empieza a sentirse fuerte. Volví a escribir. Con mi esposo estamos logrando tener un tiempo exclusivo como matrimonio durante la semana.

Todo eso me hace recordar un video que vi hace unas semanas en donde se comparaba el posparto con los flamencos: cuando tienen crías pierden temporalmente el color rosa de sus plumas y solo con el tiempo lo recuperan. Yo entendí exactamente la sensación. Siento que poco a poco “mi rosa” está volviendo.🦩🌸

Para hacer honor a esta fecha especial en mi vida, quisiera compartirles en esta oportunidad la información que yo hubiese querido conocer antes de vivir mi primer parto.

Por la extensión del tema, decidí dividir este artículo en dos partes.

En esta primera parte te cuento, con detalle, cómo viví mis dos partos y qué fue distinto entre uno y otro.

En la segunda parte profundizo en por qué la preparación marcó esa diferencia: qué implica entender la fisiología del parto y cómo armar tu propia “caja de herramientas”.

Ambas partes están conectadas, pero ninguna sobra: la primera te muestra el resultado de prepararme distinto; la segunda te explica en qué consistió esa preparación. Por eso te invito a leer las dos con calma ☕, no solo la que te resulte más “práctica” a primera vista.

Antes de continuar, quiero ser clara en algo

  • Hablar de partos puede tocar y revivir heridas en varios corazones. Yo misma pasé por una experiencia de parto muy difícil. 
  • Entonces, si este tema revive un trauma que aún estás trabajando para superar, está bien si lees hasta aquí. Te espero la próxima semana.
  • También puede que algunas de ustedes que me leen hicieron todo “bien”, y aun así terminaron necesitando intervenciones no planeadas o una cesárea sin haberlo deseado así desde un inicio.
  • Por esas razones, este artículo no pretende establecer jerarquías entre nacimientos ni repartir culpas.
  • Yo pienso que cada parto tiene circunstancias únicas e irrepetibles. Y que parir de una forma u otra no nos hace “menos” o “mejores” madres o mujeres.
  • Lo que sí pretendo en esta oportunidad es explicar otra manera de entender el nacimiento con fundamento en mi propia experiencia para que, quienes quieran hacerlo, puedan tenerla en cuenta antes de tomar sus decisiones.

Habiendo dicho lo anterior, a continuación, te explico lo que a mí me habría gustado que alguien me hubiese dicho en 2022, antes de haber vivido mi primer parto.   

Cómo fueron mis dos experiencias

Mirando hacia atrás, he concluido que mis dos partos fueron profundamente diferentes.

No solo por cómo ocurrieron, sino por la mujer que llegó a ellos.

Aunque a primera vista se podría decir que lo que más cambió fue el escenario del nacimiento, para mí fue la preparación con la que llegué.

Mi primer parto: lo viví sin una verdadera preparación
  • Mi idea del parto estaba construída a partir de lo que había escuchado de mi mamá y una tía. También por lo que vi en películas o novelas.

Por eso, cuando tuve la cita con el anestesista de la maternité (hospital), hacia el octavo mes de embarazo, expresé en mi projet de naissance (plan de parto) que sí quería la péridurale (epidural).

  • Llegué al momento de mi parto habiendo hecho el curso de préparation à l’accouchement (curso de preparación para el parto) que comúnmente cubre la seguridad social y que uno recibe de su sage-femme (matrona o partera). Normalmente, son como 8 sesiones de 45 minutos de curso. De esas sesiones, 1 fue con mi esposo.
  • Viví las últimas semanas del embarazo con miedo (incluso angustia) ante la idea de parir. Llegué a llorar en los días previos al nacimiento.
  • El día anterior al parto, durante el último control, pasó algo que hasta hoy me genera preguntas. Me hicieron un tacto vaginal muy brusco. Más tarde, ese mismo día, perdí mi bouchon muqueux (tapón mucoso).

Tengo la sospecha que durante ese examen abrieron mi col de l’utérus (cuello uterino) sin mi consentimiento e indujeron el inicio de mi parto. Mi bebé nació al día siguiente.

  • Manejé las contracciones en mi casa siguiendo el método del cronómetro (la technique du chronomètre).

Según este método, las contracciones irregulares corresponden al embarazo y no al trabajo de parto. Solo cuando empiezan a hacerse regulares —por ejemplo, cada diez o cada cinco minutos— deben vigilarse con atención.

Si luego pasan a presentarse cada cinco o tres minutos y duran entre treinta segundos y un minuto, es momento de salir hacia la maternité (hospital). (¡Qué enredo, ¿verdad?! Espero haberme hecho entender).

  • Llegué a la maternité (hospital) y pedí la péridurale (epidural) de inmediato.
  • Yo misma controlaba la dosis de la péridurale (epidural). El dolor me hizo sufrir tanto que terminé administrándome una dosis alta. No sentí absolutamente nada durante el parto; incluso tuvieron que ponerme una sonda para evacuar la orina.
  • Viví todo mi parto en posición ginecológica (position gynécologique).
  • Sufrí un desgarro perineal de grado 3 que requirió una cirugía después del parto.
  • Mi recuperación física tardó más de 6 meses.
  • Fui comprendiendo la gravedad de los que había ocurrido a medida que asistía a los numerosos controles ginecológicos posteriores.  

Ni la ginecóloga ni la sage-femme que me atendieron durante el parto me explicaron con claridad lo que había sucedido aquella tarde en la que di a luz.

Mi segundo parto: lo viví con una mayor preparación
  • Decidí informarme más sobre el parto.

Hablé con mi sage-femme sobre lo que había vivido. También pregunté a los ginecólogos del hospital donde parí qué creían que pudo haber ocurrido.

  • Le compartí esto a mi sage-femme y ahí siento que hubo un punto de quiebre en la preparación de este segundo parto.

Ella me dijo que conocía un libro aún mejor. Lo sacó de su biblioteca y me lo prestó: La naissance en BD – Découvrez vos super pouvoirs ! , de Lucile Gomez.

Este libro cambió mi manera de entender el parto.

Leí los tomos 1 y 2. Si puedes comprarlos o alquilarlos, te los reocmiendo.

Más adelante te explicaré cuál fue ese cambio de perspectiva.

  • Decidí prepararme para dar a luz comprendiendo cómo funciona el nacimiento y, así, poder distinguir cuándo una intervención médica es realmente necesaria.

Es decir, decidí conocer mejor la fisiología del parto.

Si te preguntas “¿Cómo así, Pao? Me perdí”, te respondería que se trata de comprender la capacidad natural que tiene el cuerpo de la mujer para dar a luz.

Su lema es “el respeto de la fisiología del parto” (“respect de la physiologie de l’accouchement”), lo cual me transmitió tranquilidad porque era un lugar alineado con mi proyecto de parto.

  • Le pedí a mi sage-femme que me ayudara a preparar un parto en el que primara el funcionamiento natural de mi cuerpo.  

Ella me propuso tres sesiones de sofrología, una técnica de visualización cuyo objetivo es aliviar el estrés.

  • Mi esposo y yo oramos todas las mañanas hasta el día del parto.

No quería volver a pasar por una experiencia tan difícil.  

Fui muy específica cuando hablaba con Dios sobre el parto que deseaba. Le pedí que fuera en la madrugada, cuando todo estuviera tranquilo. Le pedí que me permitiera dar a luz de manera natural, respetando el proceso de mi propio cuerpo. Le pedí que no hubiera desgarro y que cuidara a mi primera hija mientras nacía su hermanita.

  • A partir de los 7 meses de embarazo, empecé una rutina de ejercicios enfocada en favorecer la posición de mi bebé y crear más espacio dentro de la pelvis.

Este video de MamasteFit fue mi guía.

Hacía esta rutina todas las noches, incluso cuando no quise por el cansancio. Mi esposo fue clave para motivarme en esos momentos en los que yo solo quería acostarme al final del día.

  • Viví las últimas semanas del embarazo procurando mantenerme lo más tranquila posible.

Para lograrlo, mi esposo y yo fuimos reuniendo objetos y recursos que me ayudaran a alcanzar un estado de calma.

Es decir, creamos una “caja de herramientas”: un conjunto de cosas que me ayudaron a sobrellevar las últimas semanas del embarazo y, después, el dolor de las contracciones.

Recuerda este punto porque más adelante volveré a hablar sobre él.

  • Volvimos a hacer el curso de préparation à l’accouchement (curso de preparación para el parto) con mi sage-femme.

Esta vez fue una versión más corta, pero mucho más enriquecedora porque hice más preguntas.

  • Me enfoqué en entender la respiración adecuada para el momento de dar a luz.

Esto no se puede practicar muchas veces estando sola en la casa. ¡No quieres desencadenar el parto antes de tiempo! Hazlo siempre con tu matrona. Basta con comprender la técnica.

  • Mi esposo y yo practicamos en casa hacer ejercicios que aliviaran el dolor en la espalda del final del embarazo y que me iban a ayudar, después, a aliviar el dolor de las contracciones al momento del trabajo de parto.

Haberlos practicado con anticipación fue de enorme ayuda. El día del parto ya sabíamos qué me aliviaba, qué no, qué era cómodo para él y qué no.

  • El día de mi parto, mi segunda hija nació en la madrugada, hacia la 1:10 am.
  • Ocurrió inesperadamente en mi apartamento. Di a luz en el agua, dentro de la bañera.

En esta ocasión no usé el método del cronómetro para hacer seguimiento de las contracciones.

Lo único que buscaba era aliviar el dolor metiéndome en agua caliente, sin imaginar que mi bebé terminaría naciendo allí.

  • No tuve asistencia médica. Todo ocurrió solo entre mi esposo, mis hijas y yo.

Cuando mi esposo se dio cuenta de que el trabajo de parto estaba muy avanzado y me dijo que era momento de irnos al hospital, yo ya no podía —ni quería— salir de la tina.

  • Entendía lo que estaba ocurriendo en cada etapa del parto. Eso me permitió mantener cierto grado de calma, salvo durante la fase de expulsión.

En ese momento, creí que mi cuerpo me estaba pidiendo defecar. En realidad, lo que estaba haciendo era empujar a mi bebé para que naciera.

  • Fue un trabajo de parto muy móvil. Di a luz en posición de cuclillas.
  •  No presenté desgarro perineal. Gracias a Dios, mi recuperación fue completamente distinta. A los dos meses de posparto me sentía como me había sentido a los siete meses después de mi primer parto.  
Conclusión de esta primera parte

Estas fueron mis dos experiencias de parto. Como podrás concluir, fueron “la noche” y “el día”. Mi segundo parto fue mucho mejor que el primero y mi recuperación también fue muy diferente.

Hoy estoy convencida de que la diferencia entre ambos no empezó el día en que di a luz. Empezó muchos meses antes, cuando decidí entender cómo funciona el nacimiento. Y eso es precisamente de lo que quiero hablarte en la segunda parte de este artículo.

Profundizaré en la visión del parto que me hubiese gustado conocer antes de vivir mi primera experiencia, en el papel fundamental que desempeña el llamado “cerebro reptiliano” durante el trabajo de parto y en la importancia de contar con una verdadera “caja de herramientas”. También explicaré cuáles son las seis condiciones que favorecen la producción de oxitocina y endorfinas, dos hormonas esenciales para que el cuerpo de la mujer pueda dar a luz.

🦩🌸Ah, y un comentario final. Si tienes una amiga a la cual le podría ser útil este artículo porque está embarazada, o algún día espera tener hijos, o simplemente le interesa este tema, te invito a compartirle esta primera parte de mi historia. 🦩🌸

🌿En Instagram comparto contenido que complementa lo que publico en La Vida Desde Aquí. Me encuentras como @paolabordagomez


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