Matrimonio

9 años de casados: las estaciones que hemos vivido juntos

Después de 9 años de casados, reflexiono sobre las estaciones del matrimonio y las 7 estrategias de Gary Chapman para afrontar los momentos difíciles en pareja.

Hola, mujeres. 🦋

Hace unos días celebramos con mi esposo nuestro aniversario. ¡Cumplimos 9 años de casados! 🎉👰🏻‍♀️🤵🏻‍♂️🎉

Y pensar en ello inevitablemente me lleva al comienzo de nuestra historia.

A él y a mí nos presentaron en un café, luego de una reunión del grupo de jóvenes de nuestra iglesia.

Tras un noviazgo de 1 año, yo tuve la oportunidad de hacer realidad mi sueño de venir a Francia a aprender el idioma con el objetivo de aspirar después a hacer una maestría. ⚖️🇫🇷

Pero, 6 meses después de mi viaje y en medio de varias circunstancias que creemos firmemente que fueron planeadas desde el cielo, mi esposo me pidió matrimonio y, después de solo 1 mes y 23 días de comprometidos, nos casamos por la iglesia en Colombia.

No me pregunten cómo lo logramos, yo solo puedo decirles que Dios movió sus fichas. ✨

Volví a Colombia desde Francia. El lugar para la boda fue hermoso, pese a que no contamos con muchos meses para buscarlo. Mi vestido de novia fue el de mis sueños. El fotógrafo y la maquilladora fueron, para mí, los mejores. Encontramos las argollas que nos gustaron. Las invitaciones lograron llegar a sus destinos.

Les puedo decir que veo hacia atrás y, malo, recuerdo mi dolor de cabeza de la mañana del día de la boda, que logré calmar tomándome un acetaminofén. ¡Todo el “corre-corre” de esa planeación de boda maratónica me pasó factura! Pero valió la pena.

Al día siguiente de casarnos, mi esposo y yo nos mudamos al otro lado del mundo. ✈️ 🇫🇷💍

Llegamos a París como estudiantes de maestría en la Sorbona y en Paris School of Economics, con una reserva de Airbnb de 20 días, tres maletas, un fondo de ahorros que construimos con los regalos de boda y el dinero que cada uno tenía ahorrado, dos computadores, dos teléfonos y amor… mucho amor.

Cuando pienso en estos años juntos, concluyo que Dios ha sido bueno. No porque nuestro matrimonio esté conformado por dos personas perfectas y sea siempre paz y amor. No.

Dios no nos ha dejado solos en medio de tanto que hemos vivido juntos. Él nos ha sostenido para llegar hasta aquí. 🙌🏼

Nuestra historia ha comprendido mucho: migración, posgrados, reinvención profesional, mudanzas, nacimientos, pospartos, criar a nuestras hijas sin red de apoyo, un duelo, batallas para preservar nuestra unidad, cambio de mentalidad frente a muchos temas… dificultades, momentos de alegría, y cambios, muchísimos cambios.

Y todas esas circunstancias nos han permitido experimentar las estaciones del matrimonio de las que genialmente habla Gary Chapman: el invierno ❄️, la primavera 🌸, el verano ☀️ y el otoño 🍂.

Por esa razón, hoy me gustaría escribirles sobre esta interesante forma de describir las relaciones conyugales.

Para ello, empezaré describiendo cada una de las estaciones, y finalizaré mencionando las 7 estrategias que propone Chapman para sobreponerse a los periodos difíciles que puede atravesar un matrimonio.

Algunos comentarios previos sobre el autor

Gary Chapman es un escritor que recomiendo muchísimo leer para aprender sobre temas relacionados con las relaciones personales.

Los 5 lenguajes del amor es un libro que la mayoría deberíamos conocer en algún momento de la vida, porque es aplicable tanto a la relación de pareja como a las relaciones personales que posteriormente se tienen en la vida como, por ejemplo, con los hijos.

Por lo anterior, cuando un día encontré en una librería Las 4 estaciones del matrimonio, no dudé en comprarlo.

En este libro, Chapman utiliza el invierno, la primavera, el verano y el otoño para ilustrar las emociones, actitudes, acciones y el clima de la relación que pueden caracterizar a un matrimonio ante los cambios que inevitablemente trae la vida, y la manera en la cual el esposo y la esposa reaccionan a cada uno de ellos (Chapman, 2006, p. 16).

¿Cómo se ve en un matrimonio cada una de las estaciones?

Antes de profundizar en cómo se ve en el matrimonio cada estación, es importante tener en cuenta que una relación conyugal no sigue el orden cronológico de los cuatro periodos en los que se divide el año. Es decir, un matrimonio en primavera puede súbitamente caer en otoño.

Adicionalmente, el hecho de haber pasado por una etapa de invierno, por ejemplo, no quiere decir que nunca más se vivirá un periodo igual. En otras palabras, un matrimonio puede volver a ese estado más adelante en el tiempo. Se vivirán varios inviernos, varias primaveras, varios otoños y varios veranos (Op. cit. p.32).

Veamos de qué trata cada estación.

1. El invierno

Empecemos con el escenario más problemático, un matrimonio en invierno.

Éste puede ser el caso de una pareja que ha acumulado rencor y falta de perdón por un periodo largo de tiempo (profundizaré en el perdón más abajo, revisando la estrategia 1).

En consecuencia, hay rudeza y frialdad. Sientes sufrimiento, ira, decepción, soledad y/o rechazo (emociones).

Igualmente, tienes una mentalidad negativa, desanimada, de frustración y de desesperanza frente a su futuro (actitudes).

Sus acciones son destructivas y hasta violentas: se dicen palabras duras y fuertes, o hay ausencia de comunicación.

El clima de su relación se caracteriza por el desapego hacia tu cónyuge. Hay frialdad y dureza. No hay voluntad para resolver las diferencias entre ustedes. Las conversaciones terminan en pelea. Y si esto no es así, no se dirigen la palabra entre ustedes (se aplica la “ley del hielo”). Es decir, no hay unidad. Tienes la impresión de vivir en un mundo paralelo al de tu cónyuge (Op. cit. p.28).

2. La primavera

Este es el caso de un matrimonio en “la flor del amor”.

Por lo tanto, sientes entusiasmo, alegría y esperanza (emociones).

Entre ustedes hay optimismo, agradecimiento, amor y confianza (actitudes).

Como matrimonio quieren “sembrar” el uno en el otro; planifican, se comunican y buscan ayuda si lo sienten necesario para afrontar las dificultades (acciones).

En consecuencia, el clima de la relación es de ternura, apertura y preocupación por el otro; hay motivación para invertir en mejorar la relación. Chapman la denomina “la época de la renovación”. Por lo tanto, hay buena comunicación. Vivir juntos es emocionante. Hacen proyectos de vida juntos porque tienen esperanza en la relación (Op. cit. p.41).

3. El verano

Un matrimonio que ve los resultados de haber trabajado en, por ejemplo, su comunicación para solucionar problemas de intervención indebida de la familia en extensión (o la familia política) es una relación conyugal en verano (Op. cit. p. 51).

Por lo tanto, ambos sienten alegría, satisfacción, realización y cercanía (emociones).

Igualmente, entre ustedes hay confianza, deseo de progresar y calma (actitudes).

Ustedes se comunican de manera constructiva, aceptan sus diferencias, quieren leer libros y asistir a conferencias que los ayuden a crecer como matrimonio (acciones).

El clima de la relación de un matrimonio en verano se caracteriza porque hay comodidad, unidad, apego, comprensión y apoyo. Logran resolver conflictos de manera positiva. Tanto tú como tu cónyuge se sienten bien (Op. cit. p. 55).

4. El otoño

Un matrimonio en otoño se ve bien desde afuera, para quienes rodean a la pareja. Pero, “de puertas para adentro” la situación está cambiando.

Sientes miedo, tristeza, impresión de no ser apreciada, desánimo, resentimiento y prevención hacia el otro (emociones).

Hay preocupación, incertidumbre y reproches (actitudes). Por lo tanto, actúan entre ustedes con negligencia y evitan conversar sobre los problemas de pareja (acciones).

Eso provoca entre ustedes un distanciamiento y falta de compromiso. Sienten que algo malo sucede, pero no pueden identificarlo. Hay un sentimiento de falta de apego hacia el otro. Uno de ustedes empieza a sentirse dejado de lado por el otro. Se empiezan a dar cuenta de que no han conversado sobre ciertos temas (clima de la relación).

Si esta temporada empieza a ser prolongada en su relación, los amigos y la familia empiezan a notar los cambios entre ustedes (Op. cit. p. 66).

Las 7 estrategias para superar los momentos difíciles en un matrimonio
Estrategia 1: solucionar el problema de los errores cometidos en el pasado

Para implementar esta primera solución, Chapman propone 3 pasos.

Primero, identificar cuál fue el error.

Segundo, reconocer que se cometió el error.

Y tercero, perdonar.

Me gustaría detenerme en este último paso por un momento para explicar qué es y qué no es perdonar. Para ello tomaré como referencia el devocional de Evans Francis, titulado en inglés “Forgiveness” y disponible en la aplicación YouVersion (es de solo tres días, ¡te recomiendo hacerlo!).

El perdón no implica justificar al ofensor por el daño que hizo.

Tampoco es aprobar el mal hecho.

El perdón es pasar por alto el daño hecho por amor a Dios (lee en tu Biblia Mateo 6:14 y la parábola del deudor que no perdona, que está en Mateo 18:21-35).

El perdón no impide la corrección del agresor.

Tampoco exige que guardemos silencio ante la injusticia, la conducta abusiva o las malas acciones.

El perdón implica que podemos corregir a los infractores sin dejar de amarlos. Y, en este punto, puedes estar pensando: “Pao, pero ¿¡cómo se hace eso!?

Es importante entender que el perdón es un proceso de entrega a Dios.

Es un acto mediante el cual renuncias al derecho de responsabilizar al ofensor por el daño que te ha causado.

Y, en lugar de buscar venganza, entregas ese daño a Dios, liberando al ofensor de cualquier obligación de reparar el daño que te hizo.

Tu esperanza como persona ofendida radica, entonces, en que la responsabilidad de quien te lastimó es únicamente ante Dios.

Y es en manos de Dios en quien dejas el daño que te hicieron y tu reparación.

Hecho lo anterior, tú te encargas de una parte específica: poner límites con el ofensor, sobre todo si éste sigue con la misma conducta.

Pues el perdón no implica tolerar indefinidamente la comisión de la misma ofensa.

¿Es fácil hacer esto? No.

Por eso, el perdón también es una oportunidad. Nos permite evaluar nuestras propias vidas.

Evan Francis explica que, siempre que nos resulte difícil perdonar a los demás, debemos considerar las faltas por las que Dios nos perdona tan bondadosamente. Todos hemos cometido errores, porque nadie es perfecto.

Estrategia 2: adoptar una mentalidad positiva

Darío Silva, un predicador que fue muy influyente en Colombia (falleció recientemente), citaba con frecuencia a Octavio Paz en sus mensajes para recordar algo muy pertinente para entender esta estrategia: “Es un pensar, que es un sentir, que es un decir, que es un hacer”.

Todo empieza en la mente. Nuestros actos son producto de nuestros pensamientos. Por lo tanto, es fundamental, en un momento matrimonial crítico, examinar con minucia lo que se piensa y eliminar toda idea que alimente la división matrimonial.

Estrategia 3: aprender a hablar el lenguaje del amor de tu cónyuge

Todos contamos con un “tanque” afectivo. El punto es que este no se llena de la misma manera siempre. El “cómo” depende de cada persona. Es decir, no todas las personas se sienten amadas de la misma forma.

Algunos se sienten amados con regalos materiales. Otros, con palabras de afirmación. Otros con contacto físico. Otros con actos de servicio. Otros con tiempo de calidad.

Por lo tanto, es indispensable descubrir cómo se siente amado tu cónyuge, y amarlo en ese lenguaje en específico.

Aquí es importante poner al otro por encima de las preferencias individuales. Porque el o los lenguajes del amor de mi esposo, por ejemplo, podrán no coincidir con los míos.

Estrategia 4: desarrolla la habilidad de escuchar

La comunicación transparente y libre es, para Chapman, el secreto para mantener el matrimonio en primavera o en verano.

Por lo tanto, hay que aprender a escuchar no solo sin juzgar, también observando ciertos principios, como el de estar dispuesto a comprender el punto de vista del otro. Es decir, sin orgullo.

Igualmente, Chapman destaca la importancia del lenguaje corporal.

En particular, él habla de lo valioso que es “escuchar” con los ojos (dar total atención a mi cónyuge cuando me habla), con la boca (mantenerla cerrada mientras que él habla), con el cuello (asentir con la cabeza para demostrar que se intenta comprender su punto de vista), con las manos (dejarlas quietas y relajadas) y con cada parte del cuerpo (Op. cit. p. 119-121).

La idea central de lo anterior es transmitir al otro que se quiere comprender su punto de vista y que sus sentimientos son importantes.

Para esto, también es crucial transmitir verbalmente al otro los pensamientos y los sentimientos que él expresó antes de empezar a dar la versión propia de los hechos.

Estrategia 5: ayuda a tu cónyuge a ser exitoso en la vida

Ser exitoso en la vida es sacar el máximo provecho de lo que eres con aquello que se te haya dado en la vida (op. cit. p. 123).

Por lo tanto, es indispensable interiorizar que mi grandeza como persona no la determina si alcanzo mis propios objetivos, sino que se manifiesta en el servicio a otros. En mi caso, a mi esposo.

  • ¿Qué puedo hacer para ayudarte?
  • ¿Cómo puedo facilitarte la vida?
  • ¿Cómo puedo convertirme en una mejor esposa para ti?

Formular esas preguntas, escuchar empáticamente las respuestas y trabajar para poner en práctica aquello que esté dentro de mi alcance hacer, es una manifestación de grandeza que contribuye al éxito de mi cónyuge.

Estrategia 6: saquen ventaja de sus diferencias

Esta es una cuestión de perspectiva.

No somos iguales. Pero, ¿y si eso, en vez de ser una debilidad, se empieza a ver como un regalo?

Para esto es fundamental aceptarse y valorarse entre sí. Y una buena estrategia para llevar esto a cabo es hacer un listado de las virtudes y fortalezas de cada quien para, después, enfocarse más en todas ellas que en los defectos y debilidades.

Estrategia 7: toma la iniciativa y empieza tú el cambio

Somos el resultado de las cinco personas con las cuales más nos relacionamos. Y nuestro cónyuge es una de las personas con las que más pasaremos tiempo a lo largo de la vida. Nuestra conducta diaria, por lo tanto, lo influencia poderosamente.

Para esto es indispensable renunciar al cambio inmediato, pues esto implicaría echar mano de la manipulación, algo que es profundamente tóxico y malsano a largo plazo. Nadie quiere ser controlado por otro.

Hay que tener las expectativas correctas y no renunciar a hacer el bien, aunque no se vean los resultados de un día para otro.

Para esto es clave decidir ser influencia en la vida del otro. Cuando uno toma una decisión, deja de lado los sentimientos. Y este es el punto de partida para aplicar las otras 6 estrategias anteriores a esta (op. cit., pp. 146-147).


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